En la educación temprana, hablamos mucho de lo que los niños necesitan aprender, pero pocas veces nos detenemos a pensar en lo que ellos tienen que decir. Incluso desde los primeros años, los niños tienen pensamientos, emociones, preferencias y formas propias de ver el mundo. Escuchar la voz del niño no significa solo oír sus palabras, sino dar valor a sus ideas, emociones y elecciones.

¿Qué significa “la voz del niño”?

La voz del niño es su forma única de comunicarse y participar activamente en su entorno. A veces lo hacen con palabras, pero muchas otras veces lo hacen a través del juego, el dibujo, los gestos, las miradas y hasta el silencio. Escuchar al niño es observar con atención, hacer preguntas con respeto, y brindarles espacios seguros donde se sientan vistos y valorados.

¿Cómo podemos hacerlo en la práctica?

Aquí algunos ejemplos sencillos que podemos aplicar en el aula o en la guardería:

🗯️ Hacer preguntas abiertas: “¿Qué te gustaría hacer hoy?”, “¿Cómo crees que podríamos resolver eso?”

🎨 Dar opciones reales: “¿Prefieres usar crayones o pintura?”, “¿Quieres leer tú o que te lea yo?”

👀 Observar con atención sus juegos, elecciones y emociones

🤝 Crear momentos de diálogo auténtico, donde sepa que su opinión no será corregida, sino valorada

📋 Incorporar sus ideas en la rutina diaria (cómo elegir canciones, cuentos, materiales)

Escuchar es educar con el corazón

Cuando damos espacio a la voz del niño, no solo estamos enseñando habilidades: estamos construyendo un mundo más respetuoso, justo y empático desde la infancia. Los niños que son escuchados hoy, serán los adultos que sabrán escuchar, dialogar y construir mañana.

Aportacion de Carmen Hernandez – Entrenadora comunitaria registrada y defensora del desarrollo infantil